Un viaje oscuramente luminoso que invita al diálogo de la mujer adulta con la niña interior, tan cerca la una de la otra y, a la vez, tan lejos.
Estos textos, a medio camino entre la expresión poética y la narración, componen una mirada agridulce a la infancia, con sus fantasmas y terrores, pero también son un canto a la inocencia, a la juventud, a la libertad, a la amistad y a los pequeños milagros que pasan desapercibidos.
Desde la honestidad más salvaje, Ana Elena Pena habla del descubrimiento precoz y abrupto del sexo y la violencia, de los desengaños …
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