Un padre, su hijo y una educación nada convencional: ni escuela, ni trabajo, ni drogas; solo tres películas a la semana.
Fue un trato muy poco convencional: Jesse podía dejar de ir al instituto, dormir todo el día, no trabajar, no pagar alquiler pero a cambio tenía que mantenerse alejado de las drogas y ver tres películas a la semana con su padre, el crítico de cine canadiense David Gilmour.
Jesse aceptó de inmediato y al día siguiente padre e hijo comenzaron con la primera película de la lista: Los cuatrocientos golpes de François Truffaut. A lo largo de tres …
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