George Verrey-Smith se dispone, al principio de este libro, a hacer su «confesión»: es un hombre de cuarenta y dos años, casado desde hace diecisiete con una mujer llamada Joy; tiene una relación muy conflictiva con la memoria de su padre, un alcohólico maltratador que falleció cuando era niño; y trabaja en una escuela de Londres como profesor. Tiene también una costumbre particular: todos los domingos sube a su estudio, se maquilla, se viste de mujer y se pone a hacer el crucigrama del periódico. Su mujer lo sabe y no parece especialmente molesta; es más, es ella quien le …
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