Pedro Sorela emprende en estas páginas su viaje más largo: la distancia que separa un cuento de su historia.
Estos cuentos son invisibles porque invisible es el lenguaje de la literatura, que no se puede filmar. También porque tratan de viajes, y el viaje es lo que se encuentra detrás de los ojos, no delante, y -al igual que la literatura- hace posible que de nuestra visión del mundo hagamos una creación.
De una represa de aguas milenarias en la cima de los Andes a un motín de blancos en un río chino, de una persecución en Londres al renacimiento …
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