Una apuesta, una boda, muchas flores y dos misiones: ser el padrino de sus mejores amigos... y ligarse al florista encargado de la decoración. ¿Qué puede salir mal?
Cuando Lorena y Ángel deciden casarse, saben que no pueden nombrar padrino a nadie más que a Nico. Y, como dice el refrán, «un gran poder conlleva una gran responsabilidad». Entre sus (numerosas) responsabilidades se encuentra la de ocuparse de las flores, y cuando descubre De flor en flor, sabe que esa floristería es la elegida (y no solo porque el dueño, Héctor, sea el chico más guapo que ha visto …
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