Dos relatos de Almudena Sánchez en los que el ingenio y el lirismo toman cuerpo y tienen como telón de fondo la música.
En «Compostura: la línea imaginaria» descubrimos una reflexión sobre lo absurdo del arte y los límites del artista: «Aquel hombre no entendía de carreteras: han construido el mundo decía, siguiendo una sola línea imaginaria, que lleva a todas partes, que no lleva a ningún sitio».
En «El arte incrustado» una tierna adolescente se enfrena a los primeros éxitos y fracasos de la vida adulta: «Cuando acabé de tocar la sonata más triste del …
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