Una novela que se adentra en los mecanismos de la delación y la supervivencia, del dominio y la traición de los semejantes, y que fue, durante mucho tiempo, una de las preferidas de su autor.
Sentado junto a una ventana con vistas a un lago cuyas aguas indefinidas, letárgicas, pusilánimes e indecisas le parecen fiel imagen de aquellos que, esperando su muerte, lo rodean en su retiro, el juez Casaldáliga ya no recuerda aquella frase que su padre le repetía: «Has de tener bien presente que un hombre no es nada sin un destino». Un destino que él buscó durante …
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