El mayor peligro del acceso ilimitado a la información es que siempre hay alguien que la acepta sin cuestionar.
En la prensa escrita y en la digital, en las redes sociales y en los medios tradicionales, un torrente de mentiras, propaganda e inexactitudes -motivadas por el afán de dinero, notoriedad o poder- se mezcla y confunde con el reporte de hechos reales.
Jamás ha sido tan fácil ser engañado: a la censura y el espionaje se han sumado la sobreinformación y las fake news. En este escenario, que parece sacado de una distopía orwelliana, la ética periodística, …
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