La novela más negra del Tano mantiene con magia narrativa el diurno
ritual de la esperanza.
La noche puede ser tan salvaje como lo requiera el alcohol. La lengua
suelta, la boca seca, los sentidos confusos. En el umbral, al acecho, el
remordimiento. Hasta que, en lugar de salvajes, eufóricas, locas, las
noches empiezan a parecer simplemente repetidas. Entonces el que las
presencia y las vive tiene que elegir entre las misiones equívocas del
aburrimiento y el sacrificio.
Fuego a discreción cuenta con aplomado fervor y una ternura exenta por
completo de sentimentalismo el tránsito entre una vida que va …
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