Hildegarda de Bingen desafió al Imperio, a la Iglesia y a las costumbres de un convulsionado siglo XII alemán.
Nacida en una familia de fortuna y linaje, a los tres años de edad Hildegarda de Bingen comenzó a tener visiones acompañadas de dolores tan intensos que parecían llevarla a la muerte. A los catorce años fue encerrada, contra su voluntad, en una celda de barro adosada a las paredes de un monasterio de varones. Allí dedicaría su vida solo a la contemplación del Señor. Pero Dios le tenía preparada otra cosa.
Sazonada con ingredientes fantásticos y usando como telón de …
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