Una nueva demostración de la admirable capacidad para analizar la naturaleza humana de Andrea Camilleri, además de los habituales momentos hilarantes que han hecho de los casos de Montalbano una lectura de culto para aquellos que aprecian las historias impregnadas de inteligencia y sensibilidad.
Una repentina calma chicha se ha adueñado de la comisaría de Vigàta. Con su sempiterna acumulación de papeleo reducida a la mitad, Salvo Montalbano puede dedicarse a la lectura de su adorado Simenon, mientras que el siempre industrioso Catarella se aplica con tesón a resolver crucigramas. Sin embargo, la deliciosa parsimonia pronto se verá interrumpida por …
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