En su lecho de muerte, a la edad de cuarenta años, Edgar Allan Poe le pidió a su editor, Rufus Griswold, que fuera su albacea literario. A la muerte de Poe, Griswold escribió un obituario sorprendentemente ofensivo. A partir de ese momento, se convirtió en el Salieri de Poe dedicando toda su vida a manchar la reputación del escritor. Esa obsesión acabó destruyéndolo a él mismo. Edgar Allan Poe, una de las figuras literarias más fascinantes del siglo XIX, fue un ser de gran talento y difícil personalidad, tan admirado como denostado en su tiempo. Frobenius aborda la trágica infancia …
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