En mayo de 1870, Florence Ricardo, esposa de un capitán bebedor y violento, acudía a la consulta del doctor Gully en Malvern (Gales), en busca de una cura para su estado de nervios: estaba agotada, deprimida, ansiosa, bebía preocupantemente, no paraba de llorar. El doctor Gully era famoso por sus tratamientos que hoy denominaríamos «alternativos», en especial la hidroterapia. Entre sus pacientes agradecidos se contaban Darwin, Tennyson y Carlyle. A pesar de los más de treinta años de edad que los separaban, el médico y su paciente iniciaron una relación que no tardaría en ir más allá de lo profesional …
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