Me llamo Mathilde Kschessinska, y fui la bailarina rusa más importante de los escenarios reales. Pero el mundo en el que nací, el mundo para el que me educaron, ha desaparecido, y todos los actores que representaron papeles en él han desaparecido también: muertos, asesinados, exiliados, fantasmas andantes. Yo soy uno de esos fantasmas.
Hoy en día, en la Unión Soviética está prohibido pronunciar mi nombre. Las autoridades lo han eliminado de sus historias del teatro. Tengo noventa y nueve años, una dama anciana con redecilla y cara de amargada, y sin embargo aún me siguen temiendo." Desde el París …
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