Las espléndidas páginas de Lo que aprendí viviendo no pretenden ser unas memorias al uso. Tampoco un manual de autoayuda. En ellas se reúnen las palabras de una mujer sabia que caminó despacio, pisó fuerte y llegó lejos, sonriendo.
«Nadie me hará sentir inferior sin mi consentimiento.»
Bastan estas palabras de Eleanor Roosevelt para darse cuenta de que detrás de su sonrisa afable había un espíritu fuerte y combativo, dispuesto siempre a aprender algo nuevo y a luchar por una causa justa.
Cuando escribió Lo que aprendí viviendo corrían los años sesenta; Eleanor ya se había retirado de …
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