La luna eclipsó al sol.
Yo era el satélite fresco; él, un astro cálido, y la tierra, un testigo mudo.
Hay muchas razones para este fenómeno, pero la que yo elijo y la que más me gusta creer es que, hasta que nuestras miradas se cruzaron aquel día lluvioso, no nos habíamos dado cuenta de que vivíamos en la oscuridad.
No todas las decisiones son fáciles, menos si son resultado de la culpa y el dolor. Para Sara nada volvió a ser lo mismo desde la muerte de su madre. Y como si aquello no bastara, tuvo que mudarse …
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