Todos tenemos una voz que aparece justo cuando íbamos a atrevernos.
Habla bajito, familiar, casi íntima. Se disfraza de sentido común, de prudencia, de "no es el momento". Y lleva tanto tiempo contigo que has terminado por confundirla con la tuya.
La llamas pereza, cansancio, realismo… Pero un martes cualquiera, con una taza de café a medias y un mensaje sin contestar en el teléfono, algo cambia. Empiezas a sospechar que no es verdad. Que nunca lo fue. Y, por primera vez, en lugar de obedecerla, decides escucharla de otra manera.
Mi aguafiestas y yo es una conversación honesta, incómoda …
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