«Y ahí, entre toda esa locura a medio camino entre lo salvaje y lo amable, me encuentro los ojos más bonitos del mundo.»
Carla está harta. Harta de su trabajo, de su bloqueo creativo y de esa rutina que amenaza con asfixiarla a cada día que pasa. Harta de todo y de todos, excepto de ese delicioso pastel de limón que, cada martes y jueves, encarga a su restaurante favorito. Por eso, cuando introduce la mano en la bolsa de papel marrón y se encuentra con un estúpido e insulso pastel de miel, pierde la cabeza.
Dispuesta a descargar toda …
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