A Mario Bermúdez, un tipo oscuro y pusilánime, nadie le echó de menos cuando desapareció, un viernes de abril. Por eso su cadáver estuvo tres días descomponiéndose en el cuarto de baño. Por eso no hubo quien le explicara al inspector Álvarez qué hacía bajo la ducha con un sostén de encaje color teja y bragas y liguero haciendo juego.
Pero cuando al viernes siguiente aparece otro hombre con los mismos síntomas de asfixia y también vestido de mujer, y más tarde otro, toda la ciudad de Las Palmas se conmueve. Y la clave parece tenerla una joven asustada que …
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