No todos los condes necesitan una esposa ni todas las condesas saben bailar.
Por un capricho del destino, Hope Levenfield se ha convertido en lady Hope, la hija del nuevo conde de Keensburg. Criada en un entorno rural, Hope apenas conoce las reglas de etiqueta de la alta sociedad londinense a la que ahora pertenece. Su mayor escollo, sin embargo, es verse en la obligación de asistir a las fiestas, porque adora bailar pero no tiene ningún sentido ni del ritmo ni de la coordinación.
Archibald Rockdale, conde de Ellsworth, está muy orgulloso de pertenecer al Club de los …
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