"El vals nos muestra las maldades del mundo, pero también las esperanzas de la vida. Y así nos enseña a vivir".
A sus sesenta años, la vida pública de Albino Reyes se divide entre sus clases de literatura en un colegio y su rutina como cantante en un humilde local de música criolla. El monótono transcurrir de sus días es el resultado de una burocrática soledad donde flotan el amoroso recuerdo de su esposa muerta, las pocas charlas con familiares y amigos, y sus meditaciones sobre el arte que lo constituye: el vals peruano. Sin embargo, el lento ocaso de …
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