Este ensayo quiere presentar algunos presupuestos de la espiritualidad como dimensión intrínseca del ser humano, un despliegue de la autotrascendencia que empapa lo que tenemos de más significativo, alentando la trayectoria humana para conducirla a la plenitud.
La dimensión espiritual no es un movimiento aleatorio y difuso: el impulso trascendental posee una meta, una finalidad: el absoluto real, el misterio inefable al que llamamos Dios. De hecho, solo el Infinito puede calmar la sed infinita que arde en el corazón humano. Así, el Dios de la vida y del amor sale al paso del hombre sediento como fuente inagotable de …
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