Tras las desilusiones, el destino sorprende a Camila y Roberto con un nuevo amanecer.
El destino parece dibujado en la soledad de un alma.
El abismo de la incertidumbre llena de fantasmas la vida cotidiana. Dos corazones heridos. Ilusiones marchitas. Cada día es la sucesión de otro, cada noche la misma soledad como única compañera.
¿Puede el desencanto teñir de gris todos los instantes?
El trabajo deviene una obsesión, una manera de completar una existencia vacía.
Camila emerge lentamente de un dolor que la ha hecho trizas. Un antes y un después. La agonía de Fernando fue muy dolorosa. El …
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