Cuando Sergio Pitol publicó "El desfile del amor", galardonada con el Premio Herralde de Novela en 1984, sus lectores quedaron sorprendidos y, más aún, entusiasmados por el inusitado giro con que el escritor mexicano sometió a su narrativa: el salto de lo trágico a lo regocijante. La novela abunda en crímenes jamás resueltos, relaciones personales anómalas, amores difíciles, ideales derrotados, y todo ello en vez de producir zozobra en el lector lo colmaba de júbilo. Lo que por lo general aparecía como grave y solemne en sus novelas anteriores, en aquélla, la premiada, se deleitaba en lo festivo. Más tarde, …
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