¿Es posible convertir en realidad los sueños de la infancia?
«Yo tuve un amigo de sangre y hermano del alma llamado Sam. Como todos los niños, Sam y yo dedicábamos las tardes después del colegio a barruntar sueños infantiles. Nuestro sueño de cabecera era emprender el viaje más grandioso y definitivo: volar al espacio, posarnos en otros mundos, poner el pie donde nadie jamás lo hizo antes y entablar contacto con sus pobladores alienígenas. Para la mayoría de los críos, la vida y la madurez se encargan de sofocar las ensoñaciones de la niñez como se desmenuzan y se extinguen …
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