Una habitación impropia llena de rabia, ira, ganas de gritar, de romper, de mandar a la mierda tanta felicidad, tanta maternidad responsable, tanta fidelidad inevitable, tantas obligadas sonrisas, tantos deseos impostados, tanto afecto insoportable y tanto y tanto paternalismo bien (o mal) intencionado.
Ha pasado casi un siglo desde que Virginia Woolf proclamó que eran necesarias dos condiciones para la independencia de la mujer: quinientas libras al año y una habitación propia. Repito: ha pasado casi un siglo. Sería bueno por tanto ver qué ha hecho el paso del tiempo con aquella habitación y con aquellas quinientas libras.
Eso hace …
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