Un relato en primera persona que invita a asumir las responsabilidades
del pasado y liberar a las futuras generaciones de la herencia de rencor
y venganza, para levantar un país democrático, que incluya a todos, que
habilite el encuentro genuino con el otro. Sin insultos, sin
descalificaciones, sin odios. Por encima de cualquier bandera política.
«Viví en tiempos de oscuridad, vi desaparecer a mis dos hermanos y a mi
madre crecer sobre ese desgarramiento. Me llevé al exilio un cementerio
generacional. Amigos, colegas, vecinos, parientes, amores. Un destierro
que por hacerme descender a las comarcas del dolor me permitió, también, …
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