«Yo no escogí ser el Mensajero de los Corazones Rotos. La verdad es que no. Sólo intentaba ganarme honradamente un poco de dinero y echarle una mano a un amigo. Y el nombre desde luego que no lo elegí yo. No sé quién lo hizo.»
Quentin, un chico emprendedor de doce años, se inicia en el negocio de romper corazones: por unas monedas se encarga de terminar con una relación en nombre de quien lo contrata. Quentin descubre una mina de oro.
El llanto, la frustración y el desconcierto de sus compañeros de escuela no son suficientes para que …
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