Desde siempre supe que había nacido para jugar al fútbol. Para mí era sencillo: quería jugar donde pudiera, con quienes pudiera y contra quien fuera. A toda hora. Y después era solo cuestión de divertirme. En los potreros del barrio, en las canchitas de tierra o en las de pista… Todo lo que vino después se fue dando de una manera natural y, podría decir, demasiado rápido. Tan rápido que era difícil pretender ser consciente de todo lo que me pasaba. Como cuando me tocó debutar en Primera División a los quince años. ¡Qué manera de disfrutar! Ese mismo disfrute …
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